Aquellas fiestas de los años cuarenta y cincuenta

 

     Las fiestas actuales, tal y como las conocemos en los últimos quince años nada tienen que ver con las fiestas que se celebraban años atrás. 

         Para conocer más acerca de las fiestas de nuestros padres y abuelos,  a mediados del siglo XX, concretamente en la década de los años cuarenta y cincuenta, hemos pedido a los mayores del pueblo que nos explicaran los detalles.  En una improvisada tertulia en el Centro Social nos contaron cómo eran las fiestas en aquellos años.   

         En primer lugar hay que decir que la característica fundamental de aquellos años era la situación de falta de medios materiales, las economías familiares daban para poco más que para la subsistencia. 
 

         Los organizadores de aquellas fiestas eran los “mozos de gasto” que eran los mozos solteros desde los 17 años.  Se reunían para nombrar a los dos “mayorales” que se ocupaban de las tareas principales.

Los actos festivos se reducían a las sesiones de baile, las rondas, la misa y las comidas familiares. 

         La primera decisión que se tomaba era la elección de la orquesta.  Esta contrataba para toda la fiesta y los músicos comían y dormían por las casas.  Los mayorales tenían que pedirle permiso al alcalde para celebrar la fiesta.  El primer día de las fiestas siempre era el domingo, el primer domingo después del día de la virgen de agosto.  La orquesta se contrataba para tres días pero siempre se solía negociar con los músicos para que se quedaran un día más. 

         Había tres sesiones diarias de baile:  el baile-vermout que tenía lugar antes de comer, la sesión de la tarde y la de la noche.  La sesión de noche solía durar hasta las dos o las tres de la madrugada, dependiendo de la orquesta.  El lugar donde se celebraban las sesiones de baile era la plaza Mayor y para ello había que preparar un entoldado que cubría de manera completa toda su superficie.  Se ponían unos maderos verticales que aguantaban los cañizos que soportaban encima las “chisclas” que eran traídas de la clamor a carga e incluso al hombro por los mozos.  Era una tarea que requería un gran esfuerzo durante varios días.  El escenario de los músicos era también preparado adecuadamente y colocado en alto en la punta de la plaza.  El suelo había que prepararlo y como era de tierra había que regarlo en los intermedios.  Había una persona encargada de ello con una regadera, le decían el “regador”.  La plaza se solía llenar y a veces se bailaba hasta detrás del frontón. 

         Respecto a las orquestas, vino bastantes años la Orquesta Estrellas Negras la de Ballarín, era de las que más fama tenía por aquellos años.  Había otra orquesta de era de Manresa, el director era un tal Reguán y llevaba una vocalista y tocaba muy bien pero tenía la pega de que no sabía tocar jotas.  También recuerdan a la Orquesta Columbia de Estadilla, la Orquesta Ríos y otra orquesta de Alcampel de la que no recuerdan el nombre. 

         Respecto a los cantadores, venía Vicente Cambra, de Morilla, el cantador de Santalecina y Joaquín Campodarve de Pozán de Vero.  A veces los mozos iban a despertar a los músicos para que hicieran una ronda por las calles bien pronto por la mañana, cosa que a los músicos, a veces no les sabía nada bien. 

         Muchos mozos se comprometían con una bailadora. Tenían que ir a buscarla a casa y bailar con ella toda la fiesta.  En los descansos se iba al bar a echar un trago, al bar de casa Tomás, no había dinero pero por una peseta se podía tomar vermout. Al final de la fiesta la bailadora le regalaba al mozo una torta.        

         Las fiestas se sufragaban a escote entre los mozos de gasto.  También se pasaba “la servilla” por las casas y como en casi todas solía haber forasteros,  solían echar alguna perra que servía para sufragar los gastos. El fotógrafo no solía faltar en ninguna fiesta y  quien más quien menos se echaba una foto en aquellos estudios improvisados que plantaban en la plaza. 

         En los días de la fiesta, las comidas familiares solían ser más abundantes que el resto del año.  Se solía comer carne, principalmente pollo o conejo y en algunas ocasiones cordero.  De bebidas alcohólicas no había otra cosa que vino, anís y coñac. 

         José, Jesús, Rogelio, José, Antonio, Paco, José, Pablo, Eduardo, Luis, todos coinciden en afirmar el cambio tan tremendo que han experimentado los tiempos, entonces había quizás mayor compañerismo y unidad entre la juventud, el ambiente era más familiar.  Pero la mayor diferencia es que entonces eran jóvenes.  Sesenta años después el mundo ha cambiado mucho, y las fiestas en Peraltilla mucho más.

Eduardo Budiós Tuá
Julio de 2006