Jesús Lacoma Langlara: 
Un peraltillense que hizo la Guerra Civil

            Jesús Lacoma Langlara,  de 89 años es el único peraltillense vivo que hizo la Guerra Civil española 1.936-39.  Con una increíble memoria relata todo su periplo por tierras españolas recordando las fechas y hasta los más mínimos detalles.

              Combatió en el bando republicano desde el comienzo de la guerra hasta marzo del 38.  Cuando fueron expulsados a Francia desde la famosa “Bolsa de Bielsa” decidió pasar al bando nacional puesto que Peraltilla ya había sido tomada por Franco y allí estaban todos sus familiares.  En el bando nacional estuvo por tierras catalanas, participó en la Batalla del Ebro y después en Ciudad Real y Toledo hasta que acabó la guerra.

 

     Jesús Lacoma fue llamado a filas el 10 de agosto de 1.936 al cuartel de Barbastro.  Hay que recordar que nuestra zona en aquellas fechas era zona controlada por la República.  “En el cuartel de Barbastro me presenté voluntario para formar parte del Batallón 520 de Izquierda Republicana que lo estaban formando en aquellas fechas porque pensé –mientras lo forman y no lo forman pasarán tres o cuatro meses, y al menos en ese tiempo viviré-.”     
     El Batallón 520 formaba parte de la 130 Brigada que a su vez pertenecía a la 43 División del Ejército Republicano.


     Nos mandaron a defender el frente del Pirineo.  Estuvimos mucho tiempo en la zona de Otín, y la pardina de San Juan, frente a Yebra de Basa.  Después tomamos el pueblo de Biescas que estaba en poder de los nacionales.”
  “Estando en Yésero cerca de Biescas a punto de salir para el frente a tomar una loma se presentó allí mi madre con otras madres de Peraltilla que habían llegado para ver a sus hijos y traerles algo de comida.  Eso es lo peor del mundo que le puede pasar a uno, encontrarte con tu madre antes de ir hacia el frente.  No se me ocurrió otra cosa que decirle: ‘Tenga mama la cartera, quédesela por si me matan’.  Esa noche ellas se quedaron en la plaza de Yésero despiertas viendo el resplandor de la batalla al otro lado de Biescas.  Cuando se hizo de día veían pasar las ambulancias con los heridos.  Subieron a Yésero mi madre,  la madre de mi cuñado Antonio Biescas, Dolores de Conrado que tenía a su hermano Francisquer y el padre de Antonio Pano.”  

             “Un día estando en Yésero pusieron unos carteles para todo aquel que quisiera hacer el curso de teniente que se hacía en Aínsa.  Yo me apunté para el curso de teniente de intendencia con la intención de escaparme un día o dos hasta Peraltilla.  Esa noche al acabar el curso nos escapamos y con el coche de línea llegué hasta Peraltilla. Estuve un día en casa y volví a Yésero.  Al llegar arrestaron a todos menos a mí porque la maestra de Peraltilla era amiga del comandante y me dio una carta para que se la entregara”. 

“Cuando el avance de los nacionales en marzo del 38, nos trajeron en camión desde la zona de Biescas hasta el Alto del Pino, en el sector de Naval.  Estábamos bailando en Abizanda con las mozas del lugar cuando empezó el avance en esa zona.  Bajamos hasta el Alto del Pino y desde allí vimos el avance por Naval, los Dolores y Suelves hacia nosotros.  Esa noche iniciamos la retirada sin pelear.  En Abizanda nos esperaban camiones que nos llevaron a Boltaña,  allí pasamos el día siguiente haciendo trincheras.  Pero esa misma noche se abandonó todo (hasta la cocina) y llegamos a Yeba y Fanlo y después por Nerín y el valle de Añisclo a salir a Puyarruego, Belsierre y Escalona.  Al quedar encerrados en el valle se formó lo que se llamó “Bolsa de Bielsa”, allí se estabilizó el frente hasta que nos expulsaron a Francia.”

“Se atrincheraron los alrededores del pueblo de Escalona, hacia en norte estábamos nosotros y al sur los nacionales y el pueblo en medio en tierra de nadie.  A veces por la noche se bajaba al pueblo pero era muy peligroso porque te podías juntar con los nacionales que bajaban también.  No teníamos aviación ni artillería y pocas municiones y comida.  Desde Francia nos mandaban tabaco y algo de comida que recogían los sindicatos franceses para los combatientes de la Bolsa”.

“No teníamos aviación ni vehículos ni artillería y muy pocas municiones, la única misión en la “bolsa” era resistir todo lo que pudiéramos.”

“Hasta que se organizó la intendencia nos apañábamos como podíamos, se registraron las casas, se cogían las patatas recién sembradas…  Una vez, Francho de Ciria que estaba en la 4ª compañía y era cocinero encontraron en una caseta de monte 30 perniles que habrían escondido los vecinos antes de ser evacuados a Francia.”

“En la Bolsa de Bielsa estuvieron combatiendo en el ejército republicano Agustín Broto Vicién, Antonio Pano Broto (murió en Tella), Antonio Biescas Latorre, José Lacambra (Marianeta), Faustino Arroyos Orán, Francisco Barón.”

“Estábamos en la trinchera pero cada cierto tiempo nos venía a relevar un batallón y entonces íbamos a descansar a la retaguardia al pueblo de Puértolas y después volvíamos a la trinchera.  Era una vida dura pero se podía aguantar, lo peor fue en la batalla del Ebro:  no se descansaba, se dormía poco o nada y los combates eran continuos, tomábamos una loma por el día y por la noche nos la volvían a conquistar.  En la trinchera se dormía de dos en dos, espalda contra espalda y envueltos en las dos mantas.  La manta de arriba acababa chupida de humedad.  Uno solo en invierno se hubiera congelado”.

“Una vez estaba sentado en una pared de tierra y me soltaron una ráfaga de ametralladora a la altura de las piernas, con tan buena suerte que no me tocó ni una sola bala, todas  dieron en la pared alrededor mío, tuve suerte”.



Por la ventana de esta casa de Puértolas que señala Jesús, entró en 1.937 ya que habían dejado la puerta cerrada.
  

“Un día llegué a estar condenado a muerte y me salvé por los pelos.  La gente de los pueblos había sido evacuada a Francia y se les había dicho que dejaran las llaves en las puertas.  En Puértolas estábamos buscando comida para los mulos y en una casa cogí unos prismáticos que yo pensaba abandonados y resulta que eran del comandante.  Los mandos me mandaron llamar con intención de matarme porque yo no pertenecía a ningún partido político y los que mandaban eran comunistas. Pero gracias a un tal Manuel Subías de Barbastro que era comisario de compañía que dijo que me había portado bien y que no encontraba delito para matarme me dejaron ir.  Cuando acabó la guerra fui a ver a su madre para ofrecerle ayuda si le pillaban porque yo serví en un batallón de falange en la batalla del Ebro.”

“Cuando los nacionales iniciaron la ofensiva abandonamos las trincheras y por Puértolas, y Cortalaviña llegamos a Tella y allí los aguardemos.  Al día siguiente llegaban a Tella la Legión y los moros, los veíamos subir por las laderas,  era el 14 de junio del 38, me acuerdo porque aquel día cumplía 26 años.  A las 9 de la mañana los cogieron el pueblo pero a la una ya era nuestro otra vez, y a las cuatro de la tarde ya lo perdimos del todo."

"Allí hubo una batalla tremenda, se luchaba cuerpo a cuerpo. Allí, en al lado de Tella murió “Paner” (Antonio Pano de casa Malo). Ya estábamos dos batallones copados pero pudimos llegar hasta el Sanatorio de Pineta y Bielsa pasando por dentro del túnel del canal que tiene 8 km. y sale en el embalse de Pineta. .  Se hicieron rampas de maderos para descender con los mulos cargados de municiones hasta el canal. Si no hubiera existido el túnel nos hubieran matado a todos porque los moros no hacían prisioneros.”

“Al atardecer nos hicieron formar para pasar a Francia.  Nos advirtieron que el que se quedara le pegarían un tiro para que no pasara al bando de Franco.  Llegamos a Bielsa bien pretos a la cuneta para que no nos viera la artillería que estaba al otro lado del pueblo, pues aunque era de noche, el pueblo de Bielsa estaba en llamas, los nuestros lo habían incendiado igual que Parzán.  Nos costó 6 o 7 horas llegar hasta la frontera por una senda muy empinada, empezamos a subir de noche y llegamos a Francia de día.”

“Al llegar a Francia nos dieron un chusco y un paquete de tabaco, los franceses se portaron muy mal.  Nos dejaron elegir el bando para volver a España.  Yo elegí el bando nacional y me llevaron a un campo de concentración durante un mes hasta que llegaron avales de Peraltilla, entonces me llevaron al cuartel Villarobledo de Santander, allí estuve otro mes y de allí ya me mandaron a la Batalla del Ebro que ya había empezado.  Me metieron en una bandera de falange.”

“Allí estuve en Gandesa, en la Sierra de Cavalls, durante dos meses, hasta mitad de noviembre del 38 en que terminó la batalla del Ebro.  Después fuimos a ‘liberar’ Cataluña por Tárrega, Cervera, Calaf, Manresa, Artés, Vic y Olot… de batalla en batalla.  Después de Cataluña nos llevaron al centro, nos montaron en un tren en Manresa y tardamos 6 días y 6 noches en llegar a Avila sin bajar del tren.  En Avila nos cogieron en camiones y nos llevaron a Talavera de la Reina. De allí, la bandera donde estaba yo la llevaron a Tomelloso en Ciudad Real. Cuando rompimos el frente se entregaron sin pelear, los jefes y oficiales se habían marchado y habían dejado a los soldados solos y sacaban pañuelos blancos por las trincheras.  En Tomelloso me dieron la licencia el 18 de junio de 1.939 y ya me vine en tren para casa.”


"Campo de concentración La Magdalena, Santander.  Recuerdo del día que salí"  Jesús Lacoma es el segundo por la izquierda.

“La alegría más grande de mi vida la tuve el día que se acabó la guerra, el 1 de abril del 39.  Estábamos en la provincia de Toledo,  corrieron rumores de que ya se había tomado Madrid.  Nos formó el capitán y nos dijo que dejáramos las armas, municiones, bombas, etc. porque ya no hacían falta, se había terminado la guerra.  Ya empecé a pensar en casa, en las caballerías, en un aladro Rusa que teníamos…”

“De Peraltilla en la guerra mataron a bastante gente:  uno de casa Viñuales hermano de Faustino (Antonio) que tenía 17 años; otro en casa Domingo (Joaquiner Riverola)) de la quinta del 41, el más pequeño de los hermanos; otro de casa Sixta, Santos, hijo de la señora Sixta; de casa Carpio murió un hijo (Prudencio) y a otro (Rafael) le cortaron una pierna;  de casa Cortina murió otro (Manolo); también murió Ramoner de Teodora (Ramón Barón); de casa Malo murió Antonio Pano Broto, tenía 23 años.”

“En el Ebro estábamos con uno de Rodellar que se llama Modesto Nasarre y me dijo:  ‘me vas a dar tu dirección y yo te daré la mía’ por si acaso nos pasa algo a alguno de los dos para avisar a casa’.  Un día de un cañonazo perdí el conocimiento y me dieron como por muerto, pero me recuperé ileso al poco tiempo, y a este Nasarre le dijeron que me había matado un cañonazo y casi llegó a escribir a mi casa.  Cuando me lo encontré me dijo que pensaba que estaba muerto y que no había escribido por falta de tiempo,  de manera que por poco el padre Marcelino no me hace una misa en Peraltilla”.

“En la batalla del Ebro el día 1 de octubre,  de 80 que éramos quedamos vivos sólo 23.  Allí caía la gente como moscas.  Con los republicanos pasé más hambre pero con los nacionales lo pasé peor, se combatía todos los días.”

“Pasé muy mala guerra, fui fusilero toda la guerra y también camillero. Nos daban dos duros diarios.  Estuve tres años sin descalzarme para dormir.  Y de todo salí.  Pasamos tres años bien malos, no pensabas más que en la muerte, veías morir la gente como conejos durante los tres años.  La única sangre que me hice en la guerra fue por una imprudencia de un cabo que estaba limpiando el fusil y me disparó en broma sólo con pólvora, no fue importante pero si me da en los ojos me hubiera dejado ciego”. 

Eduardo Budiós Tuá.  13-7-2.001